Una mirada ‘slow’ al Garraf y al Penedès del vino / Voces Económicas

Posted by | junio 27, 2016 | Uncategorized | No Comments
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Hi ha dos licors molt agradables per al cos humà; per a ús intern, el vi; per a ús extern, l’oli. 
Es tracta de dos excel·lents productes que neixen dels arbres…”

La impecable y reciente traducción al catalán de Mònica Miró Vinaixa d’ El llibre del vi de Plinio el Viejo, escritor, científico, militar y naturalista romano, nos ha recordado que vivimos en un país que produce alimentos fundamentales que nutren a la vez y por igual, cuerpo y alma. El vino y el aceite, principalmente, pero deberíamos tener en cuenta también el trigo, la trilogía del mediterráneo. Leer esta interesante obra le reconcilia a una con los orígenes, pero lo más importante es, siempre, volver a ellos. Y hacerlo físicamente, aún más.

En Sitges, entre la suavidad marina y la contundencia del macizo del Garraf, descubrimos un paisaje sereno lleno de vestigios del pasado. Fósiles marinos que nos advierten que el suelo que pisamos fue un día fondo del mar. Hace 50 millones de años. Y su carácter es aún presente y lo seguirá siendo mientras el agricultor ejerza con sabiduría la ardua tarea de conservar el paisaje. Sitges no es sólo turismo de sol y mar, sino también un exponente en toda Cataluña del movimiento Slow Food que ha ido sumando adhesiones hasta el día de hoy. El mundo del vino comparte el ritmo y la sensatez del movimiento liderado por Carlo Petrini a nivel internacional, que no entiende la gastronomía sin la ecología.

La Finca Viladellops, en pleno macizo del Garraf

En esta tesitura se sitúa Finca Viladellops con un proyecto vitivinícola liderado hoy por lafamília Desvalls pero que arranca a finales del siglo XIX. Vinos ecológicos sobre suelos arcillo-calcáreos llenos de sedimentos y formaciones coralinas que aportan al vino una salinidad y mineralidad únicas. Cultivan principalmente xarel·lo y garnacha, variedades locales del Penedès, reivindicando el macizo del Garraf también como tierra de tintos delicados, sutiles, sugerentes y sugestivos. Trabajo titánico en el viñedo durante todo el año para conseguir la deseada maduración fenólica, la de la piel de la uva, dónde está el 1% del carácter del proyecto, un 1% vital, que lo hace auténtico, distinto, singular, que transmite tanto o más que la huella del terruño…

Al fin y al cabo, una botella de vino es en esencia agua y alcohol, con el valor añadido de antocianos, polifenoles y demás que el punto óptimo de maduración confiere a la piel. Los de Viladellops son vinos que “hablan de la tierra y se deben al clima mediterráneo”, cuenta su propietario Marcelo Desvalls, acentuando la necesidad de elaborar “en equilibrio” con el entorno y el ecosistema. Prueben XXX 2013, un xarel·lo de tres fincas distintas que se reúnen en un coupage final fresco y aromático, con cuerpo y persistencia; o Turó de les Abelles 2011. Con este vino entenderán que la garnacha puede ser una amable compañera, cuando no hay reloj que marque las horas.

Embajador del good, clean and fair del Slow Food hay uno por encima de todos en Sitges, Penedès y Garraf. Es Valen Mongay, chef del restaurante La Salseta. Un must que a los gastrónomos gusta de frecuentar. Sin Valen no se entenderían ni la vitalidad ni la cohesión ni la innovación del movimiento slow. Mima a todos, productos y productores. “Sin ellos un cocinero no es nadie”, repite con vehemencia, pero por encima de todos defiende a la Malvasía de Sitges.

Lo bany acabat, portaren a la Princesa la colació, que fon un parell de perdius ab malvezia de Candia e aprés una dotzena d’ous ab sucre e ab canyella. Aprés se posà en lo lit per dormir.
Joanot Martorell, Tirant Lo Blanc

La Malvasía crece en el entorno urbano de Sitges

El libro que Cervantes consideró “el mejor del mundo”, uno de los grandes clásicos de la literatura catalana, ya reconoce la presencia en Cataluña de la malvasía originaria de Grecia, que no lo ha tenido nada fácil, a pesar de su originalidad y grandeza –“el buen volumen en boca la distingue de otros vinos”, cuenta el profesor Enric Bartra.

En Sitges resiste entre patrimonio arquitectónico modernista el único viñedo urbano de malvasía. Es en el paraje de l’Aiguadolç y con la particularidad que el recinto donde crecen las cepas no es una bodega al uso sino que pertenece a la Fundación Privada Sant Joan Baptista, dedicada a la gestión de una residencia para la tercera edad. En el siglo XVIII, una cuarta parte de la tierra cultivable en Sitges eran cepas de malvasía. Hoy sólo quedan 1,8 hectáreas que han resistido a la presión urbanística. Un legado de la antigua Grecia, un patrimonio cultural e histórico arraigado des del siglo XIV en la zona, que debe mantenerse inalterable por encima de cambios políticos y económicos. Es un orgullo para los locales y un regalo para los visitantes.

Las cepas están junto al Hospital

Versátil y de marcada personalidad, del Hospital de Sitges y gracias a la determinación del enólogo Josep Pascual, cada año salen al mercado cuatro referencias: el vino blanco Blanc Subur, el espumoso Monembasia y las Malvasía dulce y seca. Un repertorio sincero de vinos monovarietales que agradan a paladares distintos, conmovidos por la calidad y la proximidad, y que se prestan a acompañar un almuerzo o cena de principio a fin. Con el aperitivo – almendras saladas al curry de Valen, por ejemplo–, la Malvasía seca; con los entrantes –navajas con salsa thai, croquetas de gallo del Penedès, berberechos con encurtidos– el Blanc Subur; con el arroz a la cazuela al estilo de Sitges, el espumoso; y para los postres, la Malvasía dulce. No hay que leer más, hay que viajar y probar. Hay que seguir el movimiento #SlowSitges.

La museóloga Elena Juncosa me apunta unas líneas del pintor catalán Joan Miró, muy arraigado a la vida rural, como demuestra su obra pictórica que desarrolla parcialmente en Mont-roig del Camp, donde tenía fijada una de sus residencias: “Un platet fet pels pagesos, una escudella per menjar la sopa, són, per a mi, tan meravellosos com una porcellana japonesa de la gran época que es col·loca en una vitrina d’un museu”.

Pues con la Malvasía de Sitges, parecido o igual. Valen Mongay expone botellas históricas aún sin descorchar en una estantería del restaurante, pero la mejor vitrina es la degustación. El investigador Josep Bartra cuenta que “la malvasía de Sitges es una variedad con una larga tradición y puede contribuir a ampliar la diversidad de vinos de calidad y ligar los conceptos de vino y territorio”. Hay además del Hospital de Sitges distintas bodegas que vinifican desde hace tiempo la preciada variedad y algunas que incluso se han decidido recientemente a plantar cepas. Aunque el abanico de elaboraciones es, por suerte, cada vez más extenso, quienes la han probado coinciden a reconocer el romanticismo en la variedad, que después se ensambla con lo épico de la historia:

Diu la llegenda que els primers sarments de malvasia arribaren a Sitges de la mà d’un almogàver que al començament del segle XIV anà a lluitar a la Mediterrània oriental sota les ordres de Roger de Flor…

http://www.voceseconomicas.com/una-mirada-slow-al-garraf-y-al-penedes-del-vino/

About Ruth Troyano Puig

Llicenciada en Periodisme per la UAB. Sommelier. Màster en planificació i gestió de l'enoturisme per la URV.

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