2016 junio

La sofisticación del enoturismo

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Manel Avinyó de la bodega Clos Lentiscus, en el Garraf, escribía en las redes sociales hará poco más de un año: “Matí mig plujós / Preparant la verema / Comença a palpitar el cor”. Alguien le ha dado un Me gusta al comentario y lo pone de nuevo de actualidad. Estamos en temporada alta en las regiones de vino y los mensajes online se multiplican.

Miro con especial atención el perfil de los elaboradores que, en medio de jornadas agotadoras en el campo, también comparten impresiones en la red. Las bodegas más madrugadoras han comenzado a vendimiar en agosto. Nervios, ilusión, sufrimiento, satisfacción… La vendimia es el momento culminante de toda la campaña. En algunos casos se alargará hasta noviembre. Parcelas especiales como la Ermita de Álvaro Palacios en Gratallops, donde nace uno de los vinos más prestigiosos del mundo, ha llegado a ser vendimiada el día 12. La del Mas de la Rosa, el vino de finca de la bodega Vall Llach de Porrera, la última semana de octubre. Los más viejos recuerdan el inicio de la vendimia por el puente del Pilar. Pero ha llovido mucho desde entonces. Mientras el cambio climático se manifiesta cada vez con más fuerza, la investigación avanza con la plantación de variedades de uva de maduración más lenta y a más altura. La viña se adapta a los tiempos que corren.

Coincidiendo con la vendimia, pueblos y ciudades se inundan de ferias y fiestas para celebrar que la uva se ha recogido y comienza el camino de no retorno hacia la botella. Y, aunque atareados, los elaboradores abren las puertas de la bodega para exhibir con orgullo el trabajo de todo un año. La vendimia se convierte en un atractivo más para planificar escapadas a las regiones de vinos. Las propuestas se multiplican y, en los últimos años, también se sofistican.

Por aire

 

Paseo en globo de la mano de Muga

Observar a partir de 150 metros de altura cómo los vendimiadores trabajan desde primera hora los cepos ya es posible con las salidas de 50 minutos con globo aerostático que ofrece Bodegas Muga en La Rioja. La calma que se respira desde el aire no tiene nada que ver con el ritmo frenético de las tijeras de vendimiar. Un viaje de madrugada que incluye brindis aéreo con cava, almuerzo y cata de vinos en la bodega. Los paisajes del vino fidelizan por naturaleza y desde el aire adquieren un aspecto más romántico si cabe.

Por tierra

En Abadía Retuerta (Vino de la Terra de Castilla y León) proponen, en cambio, realizar undo it yourself por la vendimia. En una de las fincas más emblemáticas, los visitantes pueden recoger a mano las uvas descubriendo cuáles son las claves para seleccionar los mejores gajos y elaborar artesanalmente el vino después. Todo trabajo tiene su recompensa, así que se ofrece a los enoturistas una muestra de su trabajo –el mosto obtenido de la cosecha– con un repertorio de quesos de la zona.

Por agua

Pasear por el río Miño y admirar cómo se practica en sus márgenes la denominada viticultura heroica es una realidad en Galicia. Enoturismo Galicia promueve una ruta en lancha por O Cabo do Mundo, un meandro espectacular que recorre viñas centenarias plantadas en costeros imponentes como las de la bodega Abadía da Cova de Escairón (Lugo). La cata de sus vinos se disfruta más con el recuerdo del paisaje navegado, de los silencios que han acompañado el viaje.

En el sur del país, la joya enológica son los vinos de Jerez. Marcados por el suelo blanquinoso llamado albariza y las largas crianzas en criaderas y soleras con o sin el enigmático velo de flor, también es posible disfrutar de la experiencia enoturística durante las semanas de vendimia.González Byass es siempre un viaje en el tiempo al siglo XIX.

La bodega González Byass, en la calle Ciegos de Jerez de la Frontera

El documental Jerez y el misterio del palo cortado intenta desvelar el secreto de los 3.000 años de viticultura sin prisa: “El misterio es el por qué se convierte en misterio”, se afirma en el audiovisual. Visitar las viñas del marco de Jerez con almuerzo campero y comida o cena en los caseríos es un must y permite entender por qué en solo 20 años la empresa se convirtió en la principal exportadora de vinos de Jerez. Si no, siempre nos quedará disfrutar del mundo de sensaciones que une los palos del flamenco con las diferentes elaboraciones de vino: fino, oloroso, dulce, palo cortado…

En la DOQ Priorat, la única Denominació d’Origen Qualificada del arco mediterráneo, El Brogit Guiatges propone conocer la vendimia en el Celler Burgos Porta (Mas Sinén) de Poboleda, que produce en ecológico. ¿Cómo? Con tijeras en mano, sobre suelos austeros y secos de licorella, con picnic al mediodía y cata de vinos de añadas anteriores para compensar el jornal y el camino de dos kilómetros a pie hasta llegar a la bodega. La propuesta se completa con un segundo día que incluye excursión a pie a la mítica Serra del Montsant y disfrutar desde el rincón de Sant Joan de Codolar los vinos del Celler Baronia.

Entre caminos a pie, vuelos y rutas por ríos navegables, el cuerpo pedirá calma, seguro. En la bodega Alta Alella han sabido encontrar un compañero de viaje venerable: el yoga.

Sesión de yoga en Alta Alella

Las viñas más cercanas a Barcelona proponen “una pausa para conectarse con uno mismo” con clases dirigidas por profesionales y bajo reserva previa, que invitan a aercarse al paisaje mudo de la vendimia, a escuchar el canto de los pájaros, el batir de las matiposas y el aroma del vino que ahora lo inunda todo. En el Parque Natural Serralada de la Marina se catan con “conciencia, intensidad y agradecimiento” los vinos naturales y desnudos de Alella. La reunión hombre-tierra-viña-añada se reivindica en el nuevo Celler de les Aus, donde se recuerda que in naturalibus vive valeque (en lo natural, ¡vive con buena salud!).

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Enoturismo poético de altura

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“La naturaleza se expresa en forma de vino”, explican en la bodega andorrana Casa Auvinyà(Auvinyà). A 1.200 metros de altura no hay duda de que los vinos se manifiestan frescos y aromáticos. Sorprendentes. Sant Julià de Lòria es la parroquia de los vinos de alta montaña en donde la altura confiere singularidad al vino, a salvo del cambio climático que amenaza cada vez con más evidencias a las viñas que están junto al Mediterráneo.

 

Tenemos que empezar a pensar en el país andorrano como una destinación enoturística, también. En Sant Julià hay 4 bodegas que están dando forma a un estilo de vino y vida ligado al entorno montañero, no siempre amable por las bajas temperaturas del invierno, pero generoso en verano para facilitar una maduración pausada a la uva. El elaborador convive en un clima más extremo pero tiene la voluntad y la flexibilidad necesarias para recibir visitas todo el año, desestacionalizando la temporada de nieve.

En Casa Auvinyà hacen tres enorutas

Casa Auvinyà propone a los visitantes tres recorridos para descubrir la bodega de autor que propone vinos atrevidos de producción limitada: Tast de Neu, tast Inspiració y Tast Expressió. El enoturismo permite probar referencias de variedades bien adaptadas a la tierra y al clima (viognier, albariño, pinot gris, pinot noir y syrah) armonizadas con productos del Pirineo como el queso y los embutidos. Bienvenida al huerto de laurel para entender como desde el año 2005 han practicado una viticultura heroica que se constatará en el paseo para las viñas y los bancales de la Morera y la Noguera, que son los inicios. Vistas a los valles que dan la bienvenida a Andorra y final de vértigo en la viña de syrah, con pendientes de hasta el 60%. Aquí se entiende la dimensión del vino Evolució, el primer negro de Andorra.

Casa Beal, otra bodega en las montañas andorranas

En Casa Beal (Nagol), el enoturismo quiere demostrar también la complejidad de la viticultura de altura siendo la suya una de las bodegas más altas de toda Europa. Después de un siglo de interrupción, la familia Visa-Tor reprende la producción de vinos en el Principado con prácticas biodinámicas y la vinificación de la fragante variedad Gewürztraminer.

En 2006 sale al mercado el monovarietal Cim de Cel con un alto potencial aromático y equilibrio entre azúcar y acidez. Una cata imprescindible durante la visita enoturística que propone desayuno de payés y vistas excepcionales de la parroquia. Profundizar en la visita quiere decir conocer también el cultivo de tabaco, el proceso de elaboración de la miel –disponen de 72 colmenas de abejas- y el cultivo de la trufa negra. Placeres de altura que hace falta agradecer en un terreno donde proliferan las joyas del bosque.

Quién abrió el camino al enoturismo en Andorra fue, pero, el Celler Borda Sabaté y continúa al pie de cañón. Viñas ecológicas y trabajo con los principios de la biodinámica, con el asesoramiento de una referencia internacional en enología, con raíces en Crozes-Hermitage: Alain Grillot. A la solana de la Muxella no es fácil llegar pero los 4×4 de la bodega lo hacen posible y el difícil tráfico costa arriba se agradece al final del trayecto por las vistas privilegiadas que regala a los osados. El recorrido guiado por las viñas y la bodega pueden acabar con una comida en el restaurante Le Domaine, en un entorno paisajístico tan imponente como el arroz de montaña que sirven y el riesling Estol o el coupage de Torb (cornalin, merlot y syrah) que sugieren. “Amabilidad, divertimento y descubrimiento” es lo que proponen en la Borda para atraer a turistas desacomplejados con ganas de acercarse al vino desde el hedonismo. La técnica es cosa de expertos.

El enoturismo de altura tiene futuro y lo demuestran las iniciativas más jóvenes, como la delCeller Mas Berenguer. El origen es la masía del Pui d’Olivesa, el espacio que han ocupado siete generaciones de los Berenguer. En su homenaje, la bodega creada el 2011 recoge su nombre e inicia la aventura con viña joven de pinot noir, chardonnay y sauvignon blanco.

 

“El paisatge majestuós, els cims imponents i l’aigua cristal·lina

donen a les vinyes un caràcter especial”

En un espacio de vinificación modesto pero práctico y funcional, no hay quien pare la ilusión de los más jóvenes de la Parroquia. El 2013 se estrenan con el Tancat Rocafort, pero hay en el proyecto otros vinos y un espumoso rosé. Abiertos al mundo para explicarse y para hacer visible una tradición agrícola centenaria que la familia ha conservado desde el año 902.

En lo más alto del Pirineo, a tocar del cielo azul, esperando la sábana de nieve de diciembre, la viña ahora ocre, terrosa, roja, alejada del mar, se revela atractiva para el turista. Y apasionante para el enólogo que discierne variedades, estilos de vinificación y técnicas enológicas adaptadas al entorno y al clima. Y como en la plana, la poesía invita a descubrir y soñar en la tierra:

I em vaig trobant tan bé en allà entremig,
i em va invadint com una immensa pau,
i vaig sent un tros més del prat suau
ben verd, ben verd sota d’un cel ben blau.

Joan Margall. Pirinenques

 

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Una mirada ‘slow’ al Garraf y al Penedès del vino / Voces Económicas

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Hi ha dos licors molt agradables per al cos humà; per a ús intern, el vi; per a ús extern, l’oli. 
Es tracta de dos excel·lents productes que neixen dels arbres…”

La impecable y reciente traducción al catalán de Mònica Miró Vinaixa d’ El llibre del vi de Plinio el Viejo, escritor, científico, militar y naturalista romano, nos ha recordado que vivimos en un país que produce alimentos fundamentales que nutren a la vez y por igual, cuerpo y alma. El vino y el aceite, principalmente, pero deberíamos tener en cuenta también el trigo, la trilogía del mediterráneo. Leer esta interesante obra le reconcilia a una con los orígenes, pero lo más importante es, siempre, volver a ellos. Y hacerlo físicamente, aún más.

En Sitges, entre la suavidad marina y la contundencia del macizo del Garraf, descubrimos un paisaje sereno lleno de vestigios del pasado. Fósiles marinos que nos advierten que el suelo que pisamos fue un día fondo del mar. Hace 50 millones de años. Y su carácter es aún presente y lo seguirá siendo mientras el agricultor ejerza con sabiduría la ardua tarea de conservar el paisaje. Sitges no es sólo turismo de sol y mar, sino también un exponente en toda Cataluña del movimiento Slow Food que ha ido sumando adhesiones hasta el día de hoy. El mundo del vino comparte el ritmo y la sensatez del movimiento liderado por Carlo Petrini a nivel internacional, que no entiende la gastronomía sin la ecología.

La Finca Viladellops, en pleno macizo del Garraf

En esta tesitura se sitúa Finca Viladellops con un proyecto vitivinícola liderado hoy por lafamília Desvalls pero que arranca a finales del siglo XIX. Vinos ecológicos sobre suelos arcillo-calcáreos llenos de sedimentos y formaciones coralinas que aportan al vino una salinidad y mineralidad únicas. Cultivan principalmente xarel·lo y garnacha, variedades locales del Penedès, reivindicando el macizo del Garraf también como tierra de tintos delicados, sutiles, sugerentes y sugestivos. Trabajo titánico en el viñedo durante todo el año para conseguir la deseada maduración fenólica, la de la piel de la uva, dónde está el 1% del carácter del proyecto, un 1% vital, que lo hace auténtico, distinto, singular, que transmite tanto o más que la huella del terruño…

Al fin y al cabo, una botella de vino es en esencia agua y alcohol, con el valor añadido de antocianos, polifenoles y demás que el punto óptimo de maduración confiere a la piel. Los de Viladellops son vinos que “hablan de la tierra y se deben al clima mediterráneo”, cuenta su propietario Marcelo Desvalls, acentuando la necesidad de elaborar “en equilibrio” con el entorno y el ecosistema. Prueben XXX 2013, un xarel·lo de tres fincas distintas que se reúnen en un coupage final fresco y aromático, con cuerpo y persistencia; o Turó de les Abelles 2011. Con este vino entenderán que la garnacha puede ser una amable compañera, cuando no hay reloj que marque las horas.

Embajador del good, clean and fair del Slow Food hay uno por encima de todos en Sitges, Penedès y Garraf. Es Valen Mongay, chef del restaurante La Salseta. Un must que a los gastrónomos gusta de frecuentar. Sin Valen no se entenderían ni la vitalidad ni la cohesión ni la innovación del movimiento slow. Mima a todos, productos y productores. “Sin ellos un cocinero no es nadie”, repite con vehemencia, pero por encima de todos defiende a la Malvasía de Sitges.

Lo bany acabat, portaren a la Princesa la colació, que fon un parell de perdius ab malvezia de Candia e aprés una dotzena d’ous ab sucre e ab canyella. Aprés se posà en lo lit per dormir.
Joanot Martorell, Tirant Lo Blanc

La Malvasía crece en el entorno urbano de Sitges

El libro que Cervantes consideró “el mejor del mundo”, uno de los grandes clásicos de la literatura catalana, ya reconoce la presencia en Cataluña de la malvasía originaria de Grecia, que no lo ha tenido nada fácil, a pesar de su originalidad y grandeza –“el buen volumen en boca la distingue de otros vinos”, cuenta el profesor Enric Bartra.

En Sitges resiste entre patrimonio arquitectónico modernista el único viñedo urbano de malvasía. Es en el paraje de l’Aiguadolç y con la particularidad que el recinto donde crecen las cepas no es una bodega al uso sino que pertenece a la Fundación Privada Sant Joan Baptista, dedicada a la gestión de una residencia para la tercera edad. En el siglo XVIII, una cuarta parte de la tierra cultivable en Sitges eran cepas de malvasía. Hoy sólo quedan 1,8 hectáreas que han resistido a la presión urbanística. Un legado de la antigua Grecia, un patrimonio cultural e histórico arraigado des del siglo XIV en la zona, que debe mantenerse inalterable por encima de cambios políticos y económicos. Es un orgullo para los locales y un regalo para los visitantes.

Las cepas están junto al Hospital

Versátil y de marcada personalidad, del Hospital de Sitges y gracias a la determinación del enólogo Josep Pascual, cada año salen al mercado cuatro referencias: el vino blanco Blanc Subur, el espumoso Monembasia y las Malvasía dulce y seca. Un repertorio sincero de vinos monovarietales que agradan a paladares distintos, conmovidos por la calidad y la proximidad, y que se prestan a acompañar un almuerzo o cena de principio a fin. Con el aperitivo – almendras saladas al curry de Valen, por ejemplo–, la Malvasía seca; con los entrantes –navajas con salsa thai, croquetas de gallo del Penedès, berberechos con encurtidos– el Blanc Subur; con el arroz a la cazuela al estilo de Sitges, el espumoso; y para los postres, la Malvasía dulce. No hay que leer más, hay que viajar y probar. Hay que seguir el movimiento #SlowSitges.

La museóloga Elena Juncosa me apunta unas líneas del pintor catalán Joan Miró, muy arraigado a la vida rural, como demuestra su obra pictórica que desarrolla parcialmente en Mont-roig del Camp, donde tenía fijada una de sus residencias: “Un platet fet pels pagesos, una escudella per menjar la sopa, són, per a mi, tan meravellosos com una porcellana japonesa de la gran época que es col·loca en una vitrina d’un museu”.

Pues con la Malvasía de Sitges, parecido o igual. Valen Mongay expone botellas históricas aún sin descorchar en una estantería del restaurante, pero la mejor vitrina es la degustación. El investigador Josep Bartra cuenta que “la malvasía de Sitges es una variedad con una larga tradición y puede contribuir a ampliar la diversidad de vinos de calidad y ligar los conceptos de vino y territorio”. Hay además del Hospital de Sitges distintas bodegas que vinifican desde hace tiempo la preciada variedad y algunas que incluso se han decidido recientemente a plantar cepas. Aunque el abanico de elaboraciones es, por suerte, cada vez más extenso, quienes la han probado coinciden a reconocer el romanticismo en la variedad, que después se ensambla con lo épico de la historia:

Diu la llegenda que els primers sarments de malvasia arribaren a Sitges de la mà d’un almogàver que al començament del segle XIV anà a lluitar a la Mediterrània oriental sota les ordres de Roger de Flor…

http://www.voceseconomicas.com/una-mirada-slow-al-garraf-y-al-penedes-del-vino/

Clásicos, comprometidos y cálidos. Los vinos de 2016

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Las sobremesas de Navidad siempre acaban con un cierto sentimiento de culpa. Porque nos aparecen listas de intenciones y voluntades no siempre fáciles de cumplir. A veces se acaba el año y aún no hemos puesto ninguna en práctica. En el mundo del vino acostumbra a pasar que la lista se va ampliando a medida que avanzan los meses y, aun así, la cumplimos. Está bien visto ser infiel y curioso. Ahora que empieza el 2016 nos podemos proponer beber vino (con moderación) para descubrir historias, personas y paisajes hasta ahora desconocidos. Ni el precio ni el desconocimiento han de suponer un freno. El vino es para disfrutarlo.

 

Dos clásicos:

Los expertos en tendencias han bautizado el momento actual como neobarroco y neorromántico. Vivimos el final de la crisis y necesitamos distraernos con extravagancia y delicadeza. Pero los clásicos lo aguantan todo.

 

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Prado Enea 2006 de Bodegas Muga, a Haro (La Rioja).

Un gran reserva de copaje de tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano, variedad autóctona de la región y por suerte recuperada.

Para armonizar con el queso Comté, con unos canelones de la abuela o un guisado de los de toda la vida. La fruta roja madura con matices tostados y especiados nos trasladará a la admirada Rioja Alta.

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Abadía Retuerta Selección Especial 2011.

Tinto fino, cabernet sauvignon y syrah. Un vino amable del Duero Valley.

Acento corpulento para acompañar y equilibrar las largas comidas familiares que, a menudo, conviene azucarar.

Con miel y piñones de los que se elaboran en el entorno de las viñas, puede ir muy bien.

 

Tres comprometidos:

El compromiso con la sostenibilidad debería ser obligado porque todos tenemos una parte de responsabilidad en el calentamiento del planeta.

Bodegas Torres es pionera con el programa Torres&Earth y se ha propuesto reducir un 30% las emisiones de CO2 por botella para el año 2020. “Cuanto más cuidemos la tierra, mejor vino conseguimos” reza el eslogan. Bajo el amparo de la DO Cataluña elabora el vino Habitat 2013, un blanco de garnacha blanca, xarel·lo, fresco y seductor, en harmonía con la naturaleza. Para tomar una copa antes de recibir a la familia y discutir sobre la cumbre del clima en Paris, es una apuesta segura.

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El compromiso con la solidaridad no la expresa nadie mejor que la enóloga Irene Alemany con el vino El Microscopi 2014 de la bodega SotLefriec.

Es la segunda edición de un tinto de terroir que se reivindica entre blancos de la DO Penedès con una misión clara: los beneficios van destinados a la adquisición de cámaras fotográficas para los microscopios del Instituto Oncológico del Hospital Universitario de la Vall d’Hebron.

El cáncer de mama que sufrió Irene en el 2014 la hizo consciente de asta y otras carencias en el terreno de la investigación. Ahora contribuye a ello con lo que mejor sabe hacer: vino.

Doce años de envejecimiento en bota de roble americano siguiendo el sistema tradicional del marco de Jerez conocido como soleras y criaderas tienen como resultado el vino de palo cortado Leonor, de las bodegas González Byass. Un vino monovarietal de palomino fino, rebelde, misterioso, de admirable color caoba, comprometido con la supervivencia, la que demuestran las madres del vino que se mantienen intactas año tras año en la bota. Porque el vino nos permite embotellar el paisaje y el tiempo. Leonor tiene carácter en la nariz y delicadez en la boca. Una sobremesa larga invita a descubrirlo.

Doblete de altura:

La orografía de los Pirineos es inhóspita, pero la gente y los vinos la hacen cada vez más cálida y placentera. Miquel Martí Pol escribía sobre Andorra: “La inmensidad como un estar en las cosas que no pide ninguna contrapartida”. Tampoco el vino. Incita solo a disfrutar. Dos vinos de viñas plantadas a más de mil metros de altura. La tenacidad y la determinación de los elaboradores auguran un oasis de viña fructífera entre cimas de nieve.
Casa Auvinyà. Evolución 2012. Un monovarietal de pinot noir. Delicadez y elegancia. Un vino fresco y sutil. Para seducir.

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Bodega Borda Sabaté. Escol 2011. Un riesling para el día que recuperemos la cocina asiática con los amigos después de las fiestas y la familia. Acidez marcada, complejidad y fondo dulce. Para compartir.

 

http://www.voceseconomicas.com/clasicos-comprometidos-y-calidos-los-vinos-de-2016/

12 vinos frescos para estimular los sentidos en verano

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“Nariz de ciencia-ficción: una ‘odisea por el espacio’ diferente. En boca es sabroso, con recuerdos a un caballero valenciano que ejerció de poeta hacia el siglo XV. Poema que interpela, como este vino: atrevido, goloso, que incita al diálogo”

Se acabó lo de definir los vinos con expresiones que suenan a arameo para la mayoría de los mortales. Nos tiramos por un tiempo a la poesía. El verano invita a beber y a leer. Ambas aficiones, pasiones para algunos, nos permiten viajar lejos sin subir a un avión. Nos hacen más libres. Nos trasladan a mundos un poco más amables que el día a día. Cuando se unen lectura y cata, no hay placer que los sustituya.

 

Este es un verano de calor sofocante. Habitualmente escogemos los vinos según con quién y en dónde los vamos a tomar. La estación del año es una variable añadida a la geográfica que deberemos tener en cuenta cada vez más. El cambio climático no perdona. En verano, por motivos distintos pero sobre todo por las temperaturas, nos apetecen caldos frescos y ligeros, que nos calmen la sed, nos inviten a beber pero también y por supuesto a desconectar y disfrutar.

1. El rosado Bàrbara Forés, bodega de DO Terra Alta ubicada en Gandesa, es uno de ellos. Coupage de garnacha tinta, syrah y cariñena es una explosión de frescor, nacida en un paisaje agreste con protagonismo de las uvas de garnacha blanca y la variedad local morenillo. Rubí intenso de color alejado de las modas europeas para reivindicar lo mediterráneo. Un rosado que sabe mejor con el recital poético que encabeza el texto y que se compuso para él. Pero es una delicia también acompañando ensaladas con toques ácidos, atún marinado o sardinas, jamón o una pasta de verduras.

 

2. Dido. La Solució Rosa es otra gran y renovadora opción de la vecina DO Montsant. Un rosado de seis variedades distintas de uva: garnacha gris, garnacha tinta, garnacha blanca, cariñena, macabeo y syrah cultivadas por los enólogos Sara Pérez y René Barbier en Falset. Uvas blancas y tintas para un rosado inusual puesto que envejece en barricas y damajuanas. Venus La Universal elabora sólo un millar de botellas de este peculiar rosado, con cuerpo y alma. Para tomar una tarde de verano cuando de fondo suena Je vois la vie en rose/ Il me dit des mots d’amour/ Des mots de tous les jours/ Et ça me fait quelque chosede Piaf.

 

3. No debería ser de osados sugerir un rosado en cualquier tiempo del año y menos en verano, como tampoco un blanco de región de predominio de tintos. Romper barreras es sano. Arriesgar es necesario. En Porrera y bajo la DO Ca Priorat,Sangenís i Vaqué elabora Lo coster blanc. Garnacha blanca y macabeo de 40 años que envejecen en barricas francesas. Un vino que no se filtra ni se clarifica, radicalmente distinto a todo lo que se pueda imaginar en boca. Acidez, frescor, untuosidad. Tomarlo en la bonita terraza nocturna de verano del restaurante La Cooperativa es una opción tan de ensueño como un atardecer en el viñedo La Cometa, viendo pasar las golondrinas que se acercan sedientas al estanque.

 

4. En el epicentro de la Costa Daurada, en Vila-seca, se amaga una isla de 7 hectáreas de viñedo de la bodega Vinyes del Terrer(DO Tarragona). Entre otras variedades, cultivan la deseadasauvignon blanc en un monovarietal que lleva por nombre Blanc del Terrer. El enólogo Toni Sánchez Ortiz se ha propuesto estudiar hasta el fondo el carácter de esta uva con viajes a Nueva Zelanda cada campaña de vendimia. El resultado es un blanco de Tarragona con cuerpo, sutilidad y frescor que podría acompañar perfectamente una velada delante del mar en la que no debería faltar gamba de Tarragona para la cena.

 

5. Pero en verano hay noches que buscamos vinos aterciopelados. Puede ser una opción para una cena romántica o para una velada en solitario en la que el vino nos ayuda a interpelarnos por lo que somos, por lo que queremos, por lo que detestamos. Invita a la acción desde la reflexión. Un vino de una sola variedad, la uva trepat, autóctona de la DO Conca de Barberà, vinificado en un singular vivero de bodegas en Barberà de la Conca que ha dado oportunidad a jóvenes elaboradores. Se llamaCuca de llum, un guiño a la juventud de Mariona y Albert, que proponen como maridaje para todo su repertorio de vinos el “compartir felicidad”. Sin más. Su bodega es Succés Vinícola y homenajea el “resultado feliz y bueno de alguna cosa” con su nombre.

 

6. Un meritorio acontecimiento es el trabajo colaborativo que realiza Batlliu de Sort en el Pirineo catalán, bajo la DO Costers de Segre. En la comarca del Pallars Sobirà, la luz de las noches de verano la pintan los cielos estrellados y no hay nada mejor que atender a este espectáculo natural con una copa de Biu Negre, un tinto cárnico de uva pinot noir que se manifiesta elegante, suave, apetitoso y fresco. Es la ilusión de cinco amigos que dan rienda suelta a sus inquietudes vitivinícolas con vinos de calidad en alta montaña.

 

7. Tomar un caldo es viajar a las regiones vitivinícolas de Cataluña desde la cómoda de casa. Aunque mejor siempre conocerlas in situ. Y una parada imprescindible es el extenso Penedès: la ruta de vino más visitada de toda la Península Ibérica donde la uva xarel·lo es sin duda la más codiciada entre las blancas mediterráneas. Celler Credo, defensor del movimiento y la vida (biodinámica), da rienda suelta a la polivalencia de esta uva. El joven y alegre Miranius es una apuesta segura para esos mediodías de picnic entre mares de viñedos que podemos recorrer antes o después en bicicleta para ir en busca de la antigua Vía Augusta romana. Miranius, por cierto, es el zorro que se embelesa con el dulce aroma de esta uva.

 

8. Hay anocheceres de verano en los que buscamos calidez, la misma que desearíamos en otoño, si nos llegan vientos suaves, por ejemplo, en escapadas por el Pirineo. Y hay vinos blancos que nos la regalan. Nuat de Abadal, bodega de la DO Pla de Bages, se elabora con la uva autóctona picapoll. Es un reto que “eleva lo autóctono al punto más alto”. Complejidad y untuosidad en boca bajo el sello de la delicadeza. Invita a un paseo lento entre las miles de cabañas y barracas de piedra seca del Bages donde reencontraremos los balsámicos del vino en las plantas aromáticas.

 

 

9. Las excursiones por el norte de Cataluña son, también, privilegios a nuestro alcance. En el Empordà, mar y montaña se reúnen en un paisaje que amaga las raíces del talento y la creatividad. En terreno de vinos, Espelt Viticultors sabe y mucho. Su Sol i Vent (DO Empordà) de viñedos ecológicos reúne los cuatro elementos que intervienen en la elaboración (suelo, planta, clima y manos). Es un espejo del entorno que la enóloga Anna Espelt vive, siente, ama y reinterpreta.

 

10. Relativamente cerca de sus viñedos, en Siurana d’Empordà, la bodega Vins de Taller (DO Catalunya) desarrolla un proyecto de agroforestería muy singular que reúne árboles frutales, plantas aromáticas y flores alrededor del viñedo. Por ello, Baseia, un blanco coupage de viogner y roussanne, tiene el carácter único de las variedades francesas propias de Côtes du Rôhne y los aromas del Empordà. Un vino sabroso y fresco, amplio y glicérico, para adentrarse con los cinco sentidos en el cercano bosque.

 

 

11. Para cualquier cena de verano, volvámonos rompedores. Se acabó llevar el vino para el plato central de la comida, sorprendamos con uno para los postres. Dolç Mataró de la bodega Alta Alella (DO Alella) es una apuesta segura apreciada internacionalmente. De uva monastrell, este vino dulce ecológico alargará la sobremesa y la hará, seguro, más seductora.

12. El verano soñado siempre se construye con momentos y personas. Y por qué no, vinos. Añadamos la poesía, la música. La del violoncelista Pau Casals puede regalarnos domingos estupendos si los empezamos con sus notas y una copa de cava gran reserva Do de la bodega Jané Ventura. Xarel·lo, macabeo y parellada para un vino gastronómico fruto de 20 años de experiencia de elaboraciones de la bodega que sabe a gloria, que pone su propia música y que nos traslada a las grandes vidrieras del Museo Pau Casals en Coma-ruga (Tarragona) a través de las cuales contemplamos lo apacible que es el Mediterráneo. Resuenan en los jardines del museo las notas del violoncelo del artista universal, de la espuma del mar, de las burbujas del cava y la voz pausada y amable de Gerard Jané, el enólogo, comprometido con el paisaje.

Esto del vino es pasión y paciencia. Ya lo ven. Sean osados. Beban (con moderación) y viajen a través de la cultura. Alimento para el cuerpo y el alma.

 

http://www.voceseconomicas.com/12-vinos-frescos-para-estimular-los-sentidos-en-verano/

Copas y buenos vinos por menos de 10 euros

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“So why not just relax with wine? Don’t worry about what you know or don’t know. Don’t even worry about what you’re supposed to feel. Just daydream and realease your imagination.”Reading between the wines – Therry Theise

 

Después de más de 2.500 años de historia en Cataluña, todavía nos tenemos que acordar casi a diario de que el vino es para disfrutarlo. Es, sin embargo, un alimento que forma parte de la pirámide de la dieta mediterránea, declarada por la UNESCO Patrimonio Mundial Inmaterial de la Humanidad. Pero todavía se tendrán que escribir muchos libros como el de Therry Theise -que recomiendo encarecidamente- para que lo entendamos. Hace falta romper dos tópicos. El primero, que para beber se tiene que saber del tema. El segundo, que el vino bueno es caro.

He escuchado  decir al sommelier Josep Pitu Roca que “no hace falta orgullo en una botella; se puede beber un vino más sencillo, pero con un mensaje más profundo”. Hay que saber encontrarlo. Por suerte, constantemente hay publicaciones editoriales que nos lo ponen más fácil, así como establecimientos que se han puesto entre ceja y ceja hacer accesible el vino, a un precio justo.

El primero que conocí en Barcelona es la Bodega Bonavista, en el barrio de Gràcia, con el noruego Chris Grennes al mando. “Encontrar un vino bueno a 20 euros es fácil, a 6 es más complicado pero queremos descubrir que la gente joven también trabaja bien el vino en Cataluña”. Tiene un escaparate inmenso con vinos de menos de 10 euros que sorprenden, como Jovani Vins, el despacho abierto en el barrio de Sant Antoni. Aquí, el límite de la estantería de bienvenida son 8 euros. Más de 250 referencias diferenciadas por el precio y la procedencia.

También en Xerigots, con sede central en Vilafranca, han sabido desde el principio segmentar por públics, interés y coste, conocedores del relato que hay detrás de cada botella. “Para vender un vino de más de 20 euros, tiene que haber una historia especial, en el tipo de uva, en la elaboración, en la filosofía de la bodega…”, me dijo un vez Jordi Bertran, el responsable. Lo entendí al probar los vinos de Sicus. Terrers Mediterranis.

La experta en enoturismo Alicia Estrada, con Los 100 mejores vinos por menos de 10 euros; y el sommelier Lluís Romero, con Grans vins a petits preus, hacen una tarea impagable para seleccionar referencis de calidad, a un precio justo. Descubren vinos sincers, honestos, auténticos y, como dice Lluís, con una calidad 10: “Sé que es muy habitual encontrar un número al lado del vino, pero me parece de una crueldad extrema; resumir el trabajo del viticultor y del enólogo en un número se me hace demasiado duro”. Aplaudo su sinceridad y la valentía de aquellos que año tras año publican con puntuaciones, como hace la emblemática Guia dels Vins de Catalunya, de Jordi Alcover y Sílvia Naranjo, que promueve “hacer vinos con vocación de best-seller pero de una sola variedad tradicional o bien de un coupage tradicional”.

Sea cual sea la fuente de referencia que utilicemos, lo que cuenta es la actitud. Libros y expertos invitan a ser curiosos e infieles. En el mundo del vino está permitido. Es más, hay que practicarlo porque el consumo hedónico nos llevará en algún momento al conocimiento técnico. Elegir es un acto de riesgo pero estamos en un momento en el que la comunicación y el vino se tienen que comprometer con el planeta, con las personas, con la historia, y de aquí mi elección de vinos por menos de 10 euros.

Agaliu, un monovarietal de macabeo de la Cooperativa l’Olivera (DO Costers el Segre). Un vino ecológico, con cuerpo y untuosidad, que forma parte de un gran proyecto solidario. Personas con otras capacidades lo hacen posible.

Petit Carlania. Un vino 100% de la variedad trepat, la autóctona de la DO Conca de Barberà. Un vino joven, amable, sincero, afrutado. Honesto como sus elaboradores, Jordi Miró y Sònia Gomà Camps.

El nou de +500. De la Agrupació d’agricultors del Pla de Manlleu, en el Alt Camp, un vino de altura de la variedad Montonega, subvariedad de la parellada. Un vino con marcada acidez y frescor, que demuestra el respeto de los agricultores por la tierra y el desarrollo del territorio.

 

Vinacotecas andorranas

En Andorra quizá no será fácil encontrarlos, pero tiempo al tiempo, porque las opciones para tomar vino en el país cada vez es más amplia, aunque el precio, por la importación, condiciona.

La visita al 13,5º de Andorra la Vella es imprescindible. Casi una veintena de referencias a copas con los dispensadores Enomatic que conservan un mes las botellas abiertas, si no se acaban antes.

Encontraremos desde el delicado pinot noir de Casa Auvinyà hasta el Dido de Venus y la Universal DO Montsant, pasando por el Sang de Corb de la Bodega Frisach DO Terra Alta. Otra opción es la tasca L’Alternativa, donde se propone “comer y conversar entre vinos, cavas y quesos”. Y el bar Versalles que es un must para tomar tapas con un amplio repertorio de vermuts, como por ejemplo el Yzaguirre de El Morell, la Pomada de Ulldecona, La Quintinye Vermouth Royal de Francia o La Canellese Rosso de Italia.

En Escaldes-Engordany, hay que parar en L’Enoteca para probar “vinos, regiones vinícolas y uva, un poco olvidados o poco comerciales”, como treixadura y la godello, vinos de la DO gallega Monterrey, un Nero d’Avola de Marsala, Sicilia, o un carmenère del Valle de Colchagua de Chile. Reservar tiempo para Marquet Gourmeterie es de sabios. Tienen una colección privada de infarto y opciones de compra variadas, como un Cava Rimarts Reserva Chardonnay del Penedès o un Gosset Grand Millésime.

Allá donde nos dejemos caer, lo más importante es aplicarse la máxima de Therry Theise: “It’s important to have the relationship that comes naturally”. Obviamente habla del vino. Y las relaciones cambian al largo del tiempo, como el vino en la botella.

http://www.voceseconomicas.com/copas-y-buenos-vinos-por-menos-de-10-euros/

La biodiversidad y la humanidad del vino

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Siempre se ha dicho y con razón que los payeses son los conservadores del paisaje. Su trabajo generoso, apasionado y sacrificado es determinante para poder legar en mejores condiciones a las generaciones futuras “el espacio de tierra que nos ha tocado vivir”, como diría el poeta.

Las regiones productoras de vino cuidan con delicadeza extrema el paisaje agrario puesto que es el origen de la actividad productiva que les sustenta, pero también y sobre todo la tradición, la cultura y la historia que les da sentido. La sociedad civil de la comarca del Priorat, por ejemplo, está trabajando desde hace un tiempo en la candidatura para incluir la comarca en la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO en la categoría de Paisaje Agrario de Montaña Mediterránea. Hay una gran sensibilidad respecto al entorno y el carácter que éste otorga a los vinos.

En el Priorat, la viticultura heroica practicada en graves pendientes y suelos de llicorella la apreciamos en cada sorbo de vino, en la elegancia del matiz de mineralidad y la profundidad. Además del paisaje, en el vino buscamos historias personales e íntimas. El enólogo de la bodega Vall Llach, Albert Costa, lo ha simbolizado con la elaboración de un rosado y un blanco con nombre de mujer: La Matilde yLa Catalina. Son ambos un homenaje a las mujeres reales y trabajadoras de Porrera. Nombres con personalidad. Sin su contribución a la estructura familiar y laboral, los viñedos no habrían respondido, seguro, de la misma manera.

Una vía romana recuperada

Hay territorios de distinta complejidad, y a pesar de que puedan tener un carácter más discreto, de entrada, todos merecen una gran atención. En Penedés nos lo ponen fácil. Acaban de estrenar la primera Wine Road del país como las hay en el nuevo mundo del vino, en EEUU o Australia. Permite recorrer 12 bodegas y 7 municipios.

En vehículo, de momento, y pronto en bicicleta se resigue el camino comercial que los romanos utilizaban para unir el interior de la comarca con el litoral. Cuarenta kilómetros entre el Penedès y el Garraf llenos de recursos históricos y arquitectónicos. Y de propuestas distintas y sugerentes de vino, cava y espumoso. Una parada en Colet Vins, de la nueva categoría Clàssic Penedés, nos sorprendería para bien, sin duda. Vatua!, expresión típica catalana que significa sorpresa, da nombre al coupage de moscatel, parellada y Gewürztraminer que nos alimentaría y refrescaría a la vez, sin duda.

Pero además de La Carretera del Vi, hay otros canales de peregrinación en la zona. El río Bitlles, por ejemplo, lo es de biodiversidad y da sentido a los viñedos de la Heredad Segura Viudas, en el Alt Penedés. El paso del tiempo ha abierto una brecha natural entre las cepas norte y sur de la comarca por donde ahora transita sigiloso un canal de agua que da carácter a la viticultura. Es un ejercicio más que saludable, diría que necesario, pasear con los pies en el agua siguiendo el curso del rio, entre libélulas, mariposas y pájaros que nos distraen vista y oído, en un pulmón verde, desconocido y apetecible, a poco más de 30 minutos de Barcelona.

El bosque de ribera es un espacio para practicar enoturismo y mimetizarse con la naturaleza. A pesar de transitar entre peces, escorpiones de agua, insectos y mamíferos de distinto tamaño, una tiene la sensación de encontrarse en un entorno amable. Y lo es. Amapolas rojas, esculturales árboles (chopos, olmos, fresnos…) y un salto de agua al final del recorrido por el Bitlles lo convierten en una postal.

 

Los últimos datos sobre enoturismo publicados por la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN) apuntan a un incremento de enoturistas entre 26 y 35 años, hasta alcanzar al rango de 40-60 años, que es el mayoritario. Parece que los millennials son el objetivo del turismo cultural que empiezan a desarrollar las bodegas y hay que tentarles con actividades arriesgadas y auténticas. 

El reto de fomentar la cultura del vino entre los jóvenes puede paliarse descubriéndoles actividades complementarias como la de La Carretera del Vi o el paseo por el Bitlles que les permitan acercarse después a “la bebida más intelectual”, como recuerda siempre Josep Pitu Roca, sumiller del mejor restaurante del mundo, El Celler de Can Roca.

El xarel·lo es la uva autóctona del Penedés. El homenaje de Segura Viudas a estas cepas, en vino tranquilo, es Creu de Lavit, un monovarietal con notas afrutadas y florales que nos traslada al frescor del bosque con su acidez marcada.

El V Congreso de Arte, Paisaje Vitivinícola y Enoturismo ha concluido que se debe fortalecer la difusión del patrimonio vitivinícola como espacio económico y cultural. Expertos internacionales en gestión del paisaje coinciden en la necesidad de concienciar sobre la dinamización económica del paisaje a través del enoturismo y de valorar, por supuesto, la tarea del viticultor como agente que da calidad al paisaje. Apuntan además la conveniencia de desarrollar alternativas innovadoras y complementarias de enoturismo a las propuestas clásicas. El equilibrio entre economía y paisaje halla un denominador común en el respeto y el cuidado del viñedo. Se debe, pues, seguir en esta dirección. Y aprovechar los itinerarios que desde antaño nos traza el vino. El vino es el paisaje embotellado. El vino son historias, las de Matilde y Catalina también, que nos devuelven a los orígenes. El vino es vida. Disfrutémoslo.

http://www.voceseconomicas.com/la-biodiversidad-y-la-humanidad-del-vino/

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